Sin un procedimiento que conduzca al adelanto de las elecciones generales y sin alguna reforma constitucional que haga mĆ”s equilibrados los procedimientos de destitución presidencial, el espacio que podrĆa producir un cambio de velocidad en la caĆda de Castillo proviene de las investigaciones del Ministerio PĆŗblico. Imposible pasar por alto el giro copernicano que ha representado entre nosotros pasar de un sistema que protegió enĆ©rgicamente las inmunidades del presidente a uno que admite sin mayor discusión que se le investigue como posible responsable de cualquier delito mientras ejerce el cargo. La opción no habĆa sido admitida como posible en los casi 30 aƱos que tiene la Constitución. Ahora se le reconoce uniformemente como vĆ”lida.
El cambio representa bastante bien las consecuencias institucionales que ha tenido entre nosotros notar, a partir de los casos Odebrecht, que la presidencia puede también ser usada como plataforma para desplegar extensas redes de corrupción.
AdemĆ”s de Sarratea y los eventos que parecen haberse organizado desde allĆ, es probable que Castillo tenga que responder por las inexplicables fugas de Silva, Pacheco y VĆ”squez, su sobrino. DependerĆ” de lo que encuentre la fiscalĆa. Pero desde esta semana la lista de asuntos colaterales por los que podrĆa tener que responder incluye el complejo secuestro de los periodistas que investigaban en ChadĆn a Yenifer Paredes, la hermana de su esposa.
He leĆdo comentarios que pretenden describir el evento como un incidente vinculado a la jurisdicción de las rondas. Pero los periodistas no fueron intervenidos por ingresar a la zona sin autorización ni fueron castigados por alguna infracción a las reglas comunales. Fueron forzados a grabar una disculpa pĆŗblica dirigida a la seƱora Paredes, a quien la fiscalĆa investiga para establecer si ha traficado con sus influencias.
Forzar a los autores de un reportaje periodĆstico a retractarse no parece un asunto propio de las rondas. Menos si se produce delante de un alcalde, una autoridad estatal que no puede reclamar para sĆ mismo ninguna inmunidad cultural, y que ademĆ”s parece estar relacionado al esquema de posibles influencias que estĆ” siendo investigado.
La presencia del alcalde y el sentido de la intervención, una nueva interferencia, justifican establecer si el secuestro fue o no consultado con alguien en palacio. Porque si esto ocurrió, entonces la historia puede adoptar otro cariz. Dos interferencias confirmadas abrirĆan las puertas al debate sobre la suspensión judicial del presidente.
La suspensión judicial del presidente no estaba en la agenda de los autores de la Constitución de 1993. Pero tampoco estaba en su agenda investigar a un presidente en ejercicio. Y cuando se admite una investigación como justificada, protegerla se convierte en una necesidad institucional.
Suspender al presidente por orden judicial. Pero solo en base a lo que encuentre la fiscalĆa.
La caĆda de Castillo, es cierto, demora. Pero como toda demora, el retraso puede terminar multiplicando la brutalidad del impacto final que ella produzca.
