CƩsar Azabache Caracciolo
En un interesante artĆculo don Juan Monroy GĆ”lvez calificó
hace sólo unos dĆas como groseramente inconstitucional que el caso Mollohuanca
fuera transferido de Espinar a Ica (El Comercio 12/06/2012). El profesor Monroy
reclama la transferencia efectuada como una violación al derecho de toda
persona a ser juzgada por el Juez determinado previamente por la ley. Los
hechos ocurrieron en Espinar y, en consecuencia, el caso debió ser mantenido en
Espinar, sugiere el artĆculo. El texto reconoce que el Código Procesal permite hacer
excepciones a las reglas usuales de competencia por razones de orden pĆŗblico,
pero denuncia que la imprecisión de este concepto hace difĆcilmente tolerable su
empleo en un caso como el descrito.
hace sólo unos dĆas como groseramente inconstitucional que el caso Mollohuanca
fuera transferido de Espinar a Ica (El Comercio 12/06/2012). El profesor Monroy
reclama la transferencia efectuada como una violación al derecho de toda
persona a ser juzgada por el Juez determinado previamente por la ley. Los
hechos ocurrieron en Espinar y, en consecuencia, el caso debió ser mantenido en
Espinar, sugiere el artĆculo. El texto reconoce que el Código Procesal permite hacer
excepciones a las reglas usuales de competencia por razones de orden pĆŗblico,
pero denuncia que la imprecisión de este concepto hace difĆcilmente tolerable su
empleo en un caso como el descrito.
Como siempre, don Juan tiene razón en los fundamentos. Pero creo
que esta vez la conclusión merece algunos matices. Es innegable que no puede
bastar con invocar abstractas razones de orden pĆŗblico para justificar medidas
que afectan derechos fundamentales. Y el derecho al juez predeterminado por la
ley es, en efecto, un derecho fundamental. Los derechos fundamentales son un
lĆmite a nuestras reacciones defensivas, y por ende merecen ser tomados en
serio especialmente para equilibrar nuestros primeros impulsos. Pero esto no
hace automƔticamente inconstitucional efectuar un traslado como el que se
efectuó. Lo que hace es obligar al judicial a controlar con mucho rigor las
razones de hecho que puedan alegarse para justificar la medida de excepción. Y,
especialmente, hace obligatorio al judicial controlar con extremada cautela la
intensidad de la medida especĆfica que se quiere adoptar en función a los
objetivos que la FiscalĆa proponga y a los lĆmites que corresponda imponer al
procedimiento construido en estas condiciones.
que esta vez la conclusión merece algunos matices. Es innegable que no puede
bastar con invocar abstractas razones de orden pĆŗblico para justificar medidas
que afectan derechos fundamentales. Y el derecho al juez predeterminado por la
ley es, en efecto, un derecho fundamental. Los derechos fundamentales son un
lĆmite a nuestras reacciones defensivas, y por ende merecen ser tomados en
serio especialmente para equilibrar nuestros primeros impulsos. Pero esto no
hace automƔticamente inconstitucional efectuar un traslado como el que se
efectuó. Lo que hace es obligar al judicial a controlar con mucho rigor las
razones de hecho que puedan alegarse para justificar la medida de excepción. Y,
especialmente, hace obligatorio al judicial controlar con extremada cautela la
intensidad de la medida especĆfica que se quiere adoptar en función a los
objetivos que la FiscalĆa proponga y a los lĆmites que corresponda imponer al
procedimiento construido en estas condiciones.
No se trata entonces de declarar que se traslada a alguien
por razones de orden pĆŗblico a secas. Quien solicita un traslado de competencia
como el que se realizó en el caso del alcalde Mollohuanca debe explicar con
claridad quƩ estƔ pasando, por quƩ es necesario el traslado, bajo quƩ
condiciones propone efectuarlo y por quƩ se elige determinado lugar como sede
del procedimiento y, de ser el caso, de la detención del investigado. El uso equilibrado
de este tipo de medidas requerirĆa, ademĆ”s, que el caso sea sometido a la
jurisdicción de la Sala Penal Nacional, competente en toda la república, y no a
una jurisdicción distrital cualquiera elegida por razones administrativas y no por razones
legales. De esta manera, el traslado se reducirĆa a producir un ācambio de
sedeā en las manos de un juez competente, como manda la Constitución, por
razones previamente fijadas en la ley, por ejemplo, el carƔcter violento de los
hechos que se quiere llevar a juicio.
por razones de orden pĆŗblico a secas. Quien solicita un traslado de competencia
como el que se realizó en el caso del alcalde Mollohuanca debe explicar con
claridad quƩ estƔ pasando, por quƩ es necesario el traslado, bajo quƩ
condiciones propone efectuarlo y por quƩ se elige determinado lugar como sede
del procedimiento y, de ser el caso, de la detención del investigado. El uso equilibrado
de este tipo de medidas requerirĆa, ademĆ”s, que el caso sea sometido a la
jurisdicción de la Sala Penal Nacional, competente en toda la república, y no a
una jurisdicción distrital cualquiera elegida por razones administrativas y no por razones
legales. De esta manera, el traslado se reducirĆa a producir un ācambio de
sedeā en las manos de un juez competente, como manda la Constitución, por
razones previamente fijadas en la ley, por ejemplo, el carƔcter violento de los
hechos que se quiere llevar a juicio.
Si alguna falla puede observarse en el
modo en que se manejó el caso del alcalde Mollohuanca probablemente sea la
falta de coordinación que aún padecemos entre las reglas del traslado de
competencia y las normas que regulan nuestra Sala Penal Nacional. Digo entonces
que si el traslado del alcalde Mollohuanca tenĆa algĆŗn sentido, en las
condiciones especĆficas de la violencia desatadas en Espinar, probablemente
habrĆa sido mĆ”s claro entregar el caso a la Sala Penal Nacional y no a un
distrito judicial que pareció elegido mÔs o menos al azar, y recluirlo mientras
duró su detención en la capital del Cusco y no en Ica.
modo en que se manejó el caso del alcalde Mollohuanca probablemente sea la
falta de coordinación que aún padecemos entre las reglas del traslado de
competencia y las normas que regulan nuestra Sala Penal Nacional. Digo entonces
que si el traslado del alcalde Mollohuanca tenĆa algĆŗn sentido, en las
condiciones especĆficas de la violencia desatadas en Espinar, probablemente
habrĆa sido mĆ”s claro entregar el caso a la Sala Penal Nacional y no a un
distrito judicial que pareció elegido mÔs o menos al azar, y recluirlo mientras
duró su detención en la capital del Cusco y no en Ica.
El desenlace de esta historia prueba que aĆŗn no tenemos un
protocolo que nos permita juzgar casos como Ʃste de manera sostenible. Y en el
tiempo presente fijar condiciones aceptables para organizar casos legales que
correspondan a nuestra necesidad de contener la violencia local constituye mƔs
que una urgencia.
protocolo que nos permita juzgar casos como Ʃste de manera sostenible. Y en el
tiempo presente fijar condiciones aceptables para organizar casos legales que
correspondan a nuestra necesidad de contener la violencia local constituye mƔs
que una urgencia.
