EL MONTO DE LO QUE ODEBRECHT PUDO HABER GANADO EN EL PERĂš FRUTO DE LOS SOBORNOS
El tercer acuerdo firmado por el Estado con Odebrecht eleva la suma de las compensaciones pactadas de US$28 millones –que tenĂamos a octubre del 2018– a US$273 millones, considerando intereses. A esta, hay que agregar otros US$60 millones en embargos ya impuestos a terceros. E insisto, falta aĂşn que Odebrecht renuncie a hacer efectivo cualquier cobro por laudos arbitrales en ejecuciĂłn o pendientes de emitirse. Falta que el Estado reciba una compensaciĂłn adicional por los sobornos que se haya pagado por arbitrajes. Y falta que se pague una compensaciĂłn por haber filtrado fondos en el sistema polĂtico, sea que consideremos estos Ăşltimos como actos delictivos (lo son para mĂ) o no.
Todo esto aún sin contar los montos que habrá que sumar a la lista por el acuerdo con Josef Maiman, que ya ha sido anunciado, y los que a partir de ahora firmen las empresas acusadas de haberse consorciado con Odebrecht sabiendo de los sobornos que se pagaban.
En estas condiciones, me habrĂa gustado entonces concluir que la senda está ya trazada y que solo queda seguirla. Pero temo que no es asĂ. Los nĂşmeros de este caso se siguen moviendo y estos nuevos movimientos deben traer nuevas consecuencias: acaso confirmatorias, acaso no.
En diciembre del 2016, Odebrecht reconociĂł haber pagado sobornos en el PerĂş por US$29 millones. Pero la contabilidad de pagos ilegales al momento de anunciarse el tercer acuerdo habĂa sobrepasado ya los US$50 millones. Y con la primera rueda de declaraciones posteriores al tercer acuerdo, la cantidad reconocida en sobornos ha traspasado ya los US$81,76 millones, sin contar los fondos filtrados en campañas polĂticas.
Las cifras, evidentemente, han estallado. Y esto, sin duda, es perturbador.
En las matemáticas de la corrupciĂłn ha sido usual reconocer alguna relaciĂłn entre los sobornos pagados y las ganancias ilĂcitas reconocidas por aquel que paga. Los coeficientes de rentabilidad de los sobornos son siempre relativos, pero los US$29 millones admitidos en diciembre del 2016 parecĂan guardar alguna relaciĂłn con los US$143 millones que en la misma fecha Odebrecht admitiĂł como ganancias ilĂcitas obtenidas en el PerĂş. Eran US$4,9 por cada dĂłlar pagado en sobornos.
Pero ahora que los sobornos reconocidos sobrepasaron los US$81,76 millones, ¿a cuánto debemos asumir que ascienden las ganancias ilegales de Odebrecht? ¿Siguen siendo US$143 millones? ¿Debemos entonces aceptar que Odebrecht hizo lo que hizo para ganar menos de un dólar por cada dólar pagado en sobornos? No lo creo.
Nadie paga sobornos de manera sistemática si no es dentro de un esquema general organizado para ganar dinero. Por lo mismo, la compensaciĂłn total que el Estado reciba al final de esta historia debe mantener alguna relaciĂłn con el monto de las ganancias ilĂcitas que logren identificarse. Sea cual sea la teorĂa que adoptemos, las consecuencias de un acto ilegal deben compensar a quien sufre su perpetraciĂłn y desestimar nuevas ofensas. El crimen debe ser más caro que el respeto a la ley. Por lo tanto, la compensaciĂłn que paga el que cometiĂł un crimen debe ser mayor a las ventajas que obtuvo al ejecutarlo.
Aunque nuestras normas actuales naveguen por trochas insondables, sigo creyendo que la compensaciĂłn final que pague Odebrecht por estos casos debe aproximarse, pero no ser menor, al doble de las ganancias ilĂcitas que obtuvo.
El concepto es incierto, de modo que habrĂa que revisarlo. Aunque esto todavĂa es una sospecha, me permito suponer que las ganancias ilĂcitas reconocidas por Odebrecht en la confesiones de diciembre del 2016 se referĂan a un excedente no declarado para fines de impuestos como utilidad que podrĂa equivaler a la “cuota” que la “operaciĂłn Perú” transfiriĂł a ese bolsĂłn de fondos por lavar que hemos convenido en llamar caja 2. ÂżCĂłmo se formĂł ese excedente? ÂżIncluye los fondos que Odebrecht aparentemente hizo devolver a las consorciadas como una especie de cupo impuesto por el lugar que tuvieron en sus principales proyectos? ÂżIncluye falsos proveedores que puedan haberle permitido simular gastos para retirar del PerĂş fondos que, de otra manera, tendrĂan que haber engrosado la cifra de utilidades declaradas ante la Sunat? No lo sabemos aĂşn, pero parece imperativo saberlo. Porque los US$143 millones que Odebrecht reconociĂł en diciembre del 2016 (cuando sostenĂa que solo habĂa pagado en el PerĂş US$29 millones en sobornos) son insostenibles como referencia práctica a estas alturas.
La legitimidad final de los acuerdos que Odebrecht firme con el Estado (apenas vamos en el tercero) depende, entre otras cosas, de que podamos resolver esos dilemas.
Las cifras se han movido. Esto es innegable. Y en su vertiginoso movimiento se encuentran las claves del proceso que debe conducirnos a una compensaciĂłn final que podamos reconocer colectivamente como algo aceptable.
Publicado en El Comercio, el 25 de febrero de 2019.
