
El Congreso ensaya un procedimiento de acusaciĂłn a los fiscales supremos desarrollado en su interior
30/10/2024
Un grupo de congresistas de la mayorĂa ha pedido que se lleve a proceso a los cuatro fiscales supremos que están a cargo del gobierno del Ministerio PĂşblico. La razĂłn: haberse atrevido a publicar una directiva que define la forma en que las fiscalĂas deben interpretar una ley en particular, la que entrega a la PolicĂa un procedimiento legal llamado “investigaciĂłn preliminar del delito”.
El asunto puede parecer sumamente tĂ©cnico o confuso, pero tiene una enorme importancia. La investigaciĂłn preliminar del delito es el Ăşnico formato que se puede usar para organizar casos que comprometen a quien ejerce la Presidencia de la RepĂşblica. El uso intensivo, literal y extremo de esta ley entregarĂa a la PolicĂa, que depende directamente del Gobierno, el control de todas las investigaciones que ahora se siguen contra la señora Boluarte por las muertes de las protestas que empezaron en DIC22, por los Rolex y las joyas, por los fondos no declarados de PerĂş Libre y por el estado de fuga permanente en que permanece el señor CerrĂłn, buscado por la justicia, para no hablar de las investigaciones que se siguen contra su hermano Nicanor por usar las prefecturas como plataforma polĂtica.
Vista en sus consecuencias prácticas, es imposible dejar de notar la relaciĂłn de esta ley con el paquete de leyes de impunidad que viene impulsando este rĂ©gimen. Se trata de evitar que se repitan cosas como el allanamiento a la casa de la señora Boluarte o a la detenciĂłn de su hermano Nicanor. Para evitar que esto pase en el futuro, la Ăşltima ley sobre organizaciones criminales obliga a las fiscalĂas a reportar cada allanamiento que se vaya a hacer a una oficina instalada en el Gobierno, la de abogados de oficio. Imposible dejar de notar que la apertura de esa informaciĂłn, que deberĂa mantenerse en reserva, expone el Ă©xito de cualquier pesquisa. Ya hemos visto todo el esfuerzo que el Congreso ha hecho, para los investigados por tráfico de influencias fuera del área de investigaciones sobre organizaciones criminales. El esfuerzo hecho para que el Gobierno sea informado por mas de una vĂa, de cada allanamiento que se planifique, está consumado. Y junto con eso, está la ley sobre investigaciones preliminares, que aleja a las fiscalĂas, que están fuera del control del Gobierno, de los casos que en teorĂa ellas deben organizar antes que nadie.
Los dos personajes que mejor representan lo que puede llegar a significar una fiscalĂa que trabaja de la mano con la PolicĂa son el coronel Colchado, jefe del equipo policial que estuvo a cargo del caso Castillo, antes que de las Ăşltimas investigaciones contra la criminalidad en el poder y la fiscal Barreto, su contraparte legal. Colchado ha sido fotografiado hace poco cuidando puentes y la fiscal Barreto ha sido suspendida. La ley a la que se refiere el caso que se quiere organizar contra los fiscales supremos intenta sellar esa historia rompiendo la relaciĂłn desarrollada entre fiscales y policĂas. De eso se trata. No es una reforma definida por una distinta manera de ver las cosas. Es el final de la más burda rabieta provocada desde el Congreso.
A partir de la publicaciĂłn de la ley sobre investigaciones preliminares, se produjo un efecto en cadena en las fiscalĂas. Las fiscalĂas son entidades jĂłvenes, organizadas a partir de los años 80, pero instaladas en el imaginario social hace solo un cuarto de siglo. Son actualmente la entidad más importante en la protecciĂłn de mujeres y niñas vĂctimas de tráfico de personas, entre otras muchas cosas. Tienen una identidad en plena expansiĂłn. Y la ley ataca el fundamento de esa identidad: su papel en la investigaciĂłn del delito.
He contado más de un anuncio de protestas de colectivos de fiscales en contra de una ley que se entromete y pretende destruir la relaciĂłn que las fiscalĂas han cultivado con la PolicĂa. No es que esa relaciĂłn estĂ© libre de bemoles, pero existe y representa mucho, especialmente si tenemos en cuenta que naciĂł a principios de los años 90 en el terreno de la lucha contra el narcotráfico, un campo poblado de sinsabores, pero tambiĂ©n de resultados legales de considerable envergadura y de historias de vida que aĂşn no han sido contadas. Pues bien, en el marco de las protestas que las fiscalĂas organizaron contra la ley, la Junta de Fiscales Supremos decidiĂł calmar las cosas y crear un protocolo intermedio que controlara los daños que la ley puede causar mientras se decide cĂłmo generar una soluciĂłn institucional equilibrada. La directiva de la Junta de Fiscales Supremos que la mayorĂa quiere ahora convertir ahora en un delito es en verdad un intento por ordenar las cosas que el Congreso intenta desordenar. Incluso dirĂa que es un intento moderado y profundamente respetuoso de los fueros parlamentarios. No ataca la vigencia de la ley ni impide que el asunto sea finalmente resuelto por la Corte Suprema o incluso por el TC, que por cierto acaba de tomar distancia del Congreso con ocasiĂłn a la demanda que intentĂł cancelar los procedimientos judiciales de protecciĂłn a autoridades imputadas por sus comisiones.
La historia de este proceso que busca entregarle al Gobierno las llaves de control sobre las investigaciones penales deberá transitar aĂşn por varios capĂtulos antes de terminar. Pero por ahora parece encabezada por un Congreso que podrĂa estarse sintiendo menos seguro que antes de su capacidad de influencia sobre el TC, cuya intervenciĂłn ni siquiera ha pedido. El Congreso ensaya un procedimiento de acusaciĂłn a los fiscales supremos desarrollado en su interior, expuesto por completo a una intervenciĂłn judicial preventiva que el TC no ha prohibido.