por CĂ©sar Azabache Caracciolo – La RepĂºblica
«La cuestiĂ³n mĂ¡s difĂcil a discutir es la suerte de la actual Junta Nacional de Justicia. Demasiados pasivos acumulados en tan poco tiempo en funciones»
29/06/2026
Primera conclusiĂ³n: en contra de los justificados temores que generĂ³ el diseño de las elecciones, el exceso de candidaturas no canibalizĂ³ la representaciĂ³n. Ocurre en todos los mercados, tambiĂ©n en el mercado polĂtico: la demanda se organiza conforme a su propia mecĂ¡nica interna. QuizĂ¡ el problema real es que apenas estamos aprendiendo a leer esa demanda.
Sin una interferencia tan grande como la que representĂ³ la pandemia en las elecciones del 2020 y en las del 2021, volvimos a un sistema de tres bandas definidas sobre cinco organizaciones polĂticas. La excepciĂ³n, Obras, es una franquicia prĂ¡cticamente nueva. AlcanzĂ³ representaciĂ³n porque la burbuja formada por la candidatura de Ricardo Belmont se levantĂ³ tarde y no llegĂ³ a pincharse del todo. Con algunos dĂas mĂ¡s de campaña abierta, quizĂ¡ habrĂa terminado dentro del pelotĂ³n de los que no pasaron la valla.
La distorsiĂ³n, sin embargo, es solo circunstancial. La clave que confirma esta primera conclusiĂ³n proviene de la desapariciĂ³n —ojalĂ¡ definitiva— de las otras franquicias, las que poblaron el Congreso que cesa en julio de este año.
La segunda conclusiĂ³n es mĂ¡s compleja: hay un factor nuevo en la escena. Uno cuyo peso polĂtico no hemos anticipado a tiempo. Las elecciones se han producido en un contexto marcado por el enorme incremento del peso relativo de la economĂa de metales de origen incierto en nuestro paĂs. Oro, especialmente. No perder de vista que el valor total del oro de origen incierto exportado en el 2025 ha llegado muy cerca del total del oro de origen formal exportado el mismo año.
Cuando los actores de una economĂa alcanzan estas dimensiones, se diferencian en funciĂ³n de la posiciĂ³n que ocupan en el mercado. Pero, ademĂ¡s, formalizan sus necesidades polĂticas en demandas especĂficas que necesitan canalizarse. Es el momento en que concentran sus preferencias. El resultado realinea el sistema de representaciĂ³n, que en una sociedad abierta no tiene cĂ³mo resistirse a su crecimiento diferenciado.
En estas elecciones, la economĂa del oro de origen incierto se ha mostrado dividida en dos subsectores: uno estĂ¡ formado por quienes concentran los mayores niveles de ganancia que se generan aquĂ: los acopiadores, los dueños de plantas de beneficio y los exportadores. Este sector parece haber concentrado su apuesta en una candidatura, la de LĂ³pez Aliaga.
Al frente estĂ¡n los mineros que manejan operaciones asentadas en el campo. Estos mineros extraen metal de lugares ocupados fĂsicamente, zonas sobre las que no tienen mĂ¡s derechos formales que las excepciones que les otorga el Reinfo. Usan procedimientos no supervisados ambientalmente y tienen poco acceso propio a plantas sofisticadas de beneficio. Son, en los hechos, proveedores del primer segmento.
Este segundo sector parece haber optado preferentemente por SĂ¡nchez.
El ascenso de estos dos actores cambia la agenda polĂtica. El primero, el que acumula los mayores mĂ¡rgenes de ganancia, parece interesado en lograr que el Estado compre mĂ¡s oro. La vĂa: cambiar el patrĂ³n de reservas internacionales del paĂs del dĂ³lar a ese metal. La opciĂ³n no es absurda. Como tendencia, este cambio ya se registra en la economĂa internacional. Pero el riesgo estĂ¡ en las formas. El patrĂ³n de reservas internacionales del paĂs es un asunto en extremo sensible. La posibilidad de cambiarlo deberĂa discutirse en un ambiente equilibrado, uno que parta del mĂ¡s absoluto respeto a la autonomĂa institucional del BCR. AquĂ debe frenarse a tiempo toda tentaciĂ³n de forzar las cosas. Y, en nuestro medio, esas tentaciones estĂ¡n a la vista.
Al otro lado de la vereda, los mineros de campo parecen orientados a demandar que el Reinfo se convierta en un sistema de permisos extractivos permanentes. Para lograrlo, parecen interesados en reducir las protecciones legales con que ahora cuentan las concesiones mineras ya establecidas, especialmente las no explotadas de manera directa. Esta es una demanda basada en ocupaciones fĂsicas no formalizadas. Ese ya es un punto de partida complejo para abrir el debate. Pero, ademĂ¡s, aquĂ no se ha registrado una separaciĂ³n clara entre este sector de la economĂa y aquel otro que no tiene reparos en invadir zonas que deberĂan mantenerse protegidas por razones ambientales o comunitarias. AquĂ la diferenciaciĂ³n, particularmente importante cuando se trata de alejarse de patrones violentos, debe convertirse en una condiciĂ³n mĂnima para abrir el debate.
Queda por revisarse una tercera conclusiĂ³n. El Congreso que cesa en julio deja en el sistema una serie de enclaves capturados por la mayorĂa, que usĂ³ sus competencias para elegir autoridades constitucionales. Entre ellos hay dos que, por la caĂda de las franquicias, han quedado sin soporte polĂtico: Sunedu y la DefensorĂa del Pueblo. Ninguno de ellos tiene por quĂ© mantenerse secuestrado en el periodo polĂtico que se abre en julio. Los beneficiarios directos del desmontaje de ambas entidades, APP, Podemos y PerĂº Libre, han salido de la escena. Y los encargados de ambas entidades han dejado en evidencia la facilidad con que han mezclado sus competencias con decisiones entregadas al juego directo de intereses privados. TocarĂ¡ al siguiente Parlamento discutir las consecuencias prĂ¡cticas de estas decisiones.
La cuestiĂ³n mĂ¡s difĂcil de discutir es la suerte de la actual Junta Nacional de Justicia. Demasiados pasivos acumulados en tan poco tiempo en funciones. Un sistema institucional que surge dividido en bloques necesita espacios de mediaciĂ³n que le permitan resolver controversias en un ambiente libre de interferencias gruesas como las que crea la actual Junta. Su permanencia o su reemplazo debe entrar en la agenda de un Parlamento que no tiene por quĂ© arrastrar las fallas de origen que provienen d