por César Azabache
La caja fuerte de Jaime Yoshiyama no estaba en la historia de este caso hasta las declaraciones de Abanto. A partir de ellas, aparece en la escena como un nuevo factor central.
No todas las noticias han sido malas para la FiscalÃa en el llamado caso Cócteles. El fiscal José Domingo Pérez ha perdido la declaración de Jorge Barata, un recurso escénico por el que habÃa apostado. Pero ha ganado dos revelaciones hechas hace solo una semana por Humberto Abanto, el abogado de Jaime Yoshiyama.
Primera revelación
En una entrevista publicada por Epicentro, Abanto aparece aceptando que el entorno de la señora Fujimori montó una maquinaria para ocultar las identidades de los verdaderos aportantes de las campañas del 11 y del 16. Abanto cree que haber montado esta maquinaria solo fue parte de una infracción electoral y no de una historia criminal. Pero esa es otra discusión. El asunto aquà es otro: salvo que algún sector de la defensa decida contradecirle a última hora, las declaraciones de Abanto eliminan la necesidad de probar la existencia de esa maquinaria. La defensa la ha admitido. Este hecho ha dejado de estar en controversia y por ende se vuelve innecesario mantener en el juicio una buena parte de los testimonios y documentos que la FiscalÃa puso a debate originalmente.
Solo con esto ha aparecido la razón que justifica redimensionar este juicio, originalmente montado para durar no menos de 6 años.
Segunda revelación
En la entrevista de Epicentro, Humberto Abanto dijo más cosas. La más importante: dijo que su propio cliente, Jaime Yoshiyama, tenÃa una caja fuerte en la que almacenaba todo el dinero que recogÃa el entorno de Keiko Fujimori antes de decidir cómo serÃa usado.
La caja fuerte de Jaime Yoshiyama no estaba en la historia de este caso hasta las declaraciones de Abanto. A partir de ellas, aparece en la escena como un nuevo factor central. Una caja fuerte es un espacio fÃsico empleado en este caso para acumular fondos que permanecieron fuera del alcance de las autoridades; en una suerte de limbo temporal, en suspenso hasta que alguien decida su destino. De hecho, no todos los fondos que allà se guardaron llegaron a ser usados en campañas polÃticas. Una parte, US$7 de 10 millones, algo menos de la mitad, podrÃa haberse lavado de una forma completamente desenganchada de la cuestión sobre la legalidad o ilegalidad de su origen.
Abril de 2015
El caso Fujimori y otros cubre todo el periodo que media entre los años 2011 y 2016. Jaime Yoshiyama era el secretario general del partido en el 2011. Pero entregó la administración de la organización a JoaquÃn RamÃrez en abril de 2015, a mitad del ciclo. La caja fuerte cuya existencia ha reconocido Humberto Abanto no era una bóveda del partido. Era un dispositivo personal del señor Yoshiyama. Abanto no nos ha dicho aún cuánto dinero se habÃa acumulado en ese dispositivo ya en abril de 2015. Pero una persona que ha sido ministro de Estado tres veces, congresista y presidente del Congreso no puede haber dejado de ser minucioso de la noche a la mañana. Jaime Yoshiyama debe haber mantenido en su poder un registro detallado de cada centavo (cada millón) que se acumuló en esa caja fuerte. Y si ha destruido esos registros, debemos saberlo. De US$17 millones solo US$10 se gastaron en campañas polÃticas; hay US$7 que no están en ninguna parte y no sabemos cuánto dinero habÃa ahà en abril de 2015, cuando el manejo del partido cambió de manos. ¿Yoshiyama entregó esos excedentes no gastados a JoaquÃn RamÃrez o siguió administrándolos él mismo? ¿Quién los usó y de qué manera?
Esa caja fuerte transforma el sentido de la maquinaria de reemplazantes construida por la FiscalÃa. Esa maquinaria no parece ya haber sido montada para ocultar la identidad de Romero, de Rassmuss o de algún otro aportante originario. Parece montada para ocultar la existencia de esa caja.
Ajustando la historia original
Si la FiscalÃa está dispuesta a ajustar su historia original, tiene aquà un esquema que parece perfecto. ¿La tenencia de esa caja forma un acto preparatorio de lavado? ¿Los fondos que salieron de esa caja con destinos distintos a campañas polÃticas formaron alguna fortuna clandestina puesta fuera del alcance de la Sunat? ¿Se perpetraron fraudes tributarios para ocultar el destino de esos excedentes? ¿La forma en que se gastó ese excedente representa un caso por lavado? ¿Y qué dispositivo reemplazó a la caja fuerte de Jaime Yoshiyama después de abril de 2015? ¿Hubo algún reemplazo?
Solo con una declaración, Humberto Abanto le ha dado a esta historia un nuevo giro. En su origen, el caso Cócteles se organizó reprochando a la señora Fujimori haber permitido que ingresen a las arcas de su partido fondos entregados por Jorge Barata que venÃan de la lavanderÃa que manejaba Odebrecht. Esos fondos fueron recibidos con absoluta indiferencia sobre su origen. El caso se justificó en esa indiferencia. Pero las cifras de esta historia muestran que las alarmas no se encendieron entonces porque la organización de la señora Fujimori recibió, en ese periodo, de personas que no manejaban lavanderÃas, mucho más que un millón en efectivo.
La defensa ha insistido en que usar fondos ocultos en p
olÃtica solo ha sido declarado delito en el Perú a partir de AGO19. Funciona cuando no se trata de fondos que provengan de una lavanderÃa. Pero tomar fondos de una caja fuerte clandestina y lavarlos generando ingresos e inversiones personales de origen encubierto es una cuestión distinta. Un caso de lavado si en el camino se cometieron delitos tributarios.
Colofón
Hasta hace unos dÃas, la FiscalÃa parecÃa haberse extraviado en un caso propuesto en extensión y contenidos inmanejables. Humberto Abanto, sin notarlo, ha dado a la FiscalÃa una oportunidad para reorganizar su acusación. Si se mira con cuidado, los elementos de esta nueva historia no son nuevos, han estado allà todo el tiempo. BastarÃa con un intermedio para reorganizar las cosas.
Pero falta saber si la FiscalÃa encontrará la manera de hacerlo.