por CĆ©sar Azabache Caracciolo – La RepĆŗblica
No deja de sorprenderme la cantidad de promotores que ha reunido esta campaña. Especialmente porque muchas de las personas que han desfilado por los medios repitiendo estas consignas son personas mayores, con trayectorias profesionales formadas; no jóvenes recién adoctrinados ni operadores de campaña.
25/06/2025
El caso Benavides puede admitir una disputa real ante los tribunales de justicia si sus promotores dejan de enredarlo todo, cambiando arbitrariamente los nombres de las cosas.
La seƱora Benavides no fue suspendida primero (diciembre 2023) y destituida despuĆ©s (mayo 2024) por alguna lucha intestina de las que, sin duda, subsisten dentro de la fiscalĆa. La seƱora Benavides perdió el puesto y buena parte de la legitimidad que habĆa ganado cuando quedó en evidencia con quĆ© intensidad y a quĆ© costos estaba desarmando las investigaciones que se seguĆan contra su hermana, una jueza superior que acaba de ser repuesta tambiĆ©n, y que arrastra en su haber el caso mĆ”s importante de corrupción judicial asociada al narcotrĆ”fico que se ha registrado en nuestra historia reciente.
Sustituir la historia de su salida por nada (observen que no hay una verdadera historia de reemplazo) muestra con enorme crudeza hasta quĆ© punto es posible hoy armar y sostener campaƱas de propaganda que comienzan intentando borrar hechos que ya han sido establecidos. Viendo las cosas en perspectiva, es fĆ”cil reconocer en esta campaƱa los mismos elementos que estĆ”n presentes en otras, como las que se montaban cada tanto sobre el Lugar de la Memoria y se montan hoy en dĆa contra ONGs y el periodismo de investigación. El tipo de propaganda que se ha empleado estos dĆas en este caso ataca directamente los procesos de formación de memorias colectivas. Al hacerlo, daƱan gravemente el fundamento de las instituciones; ellas se conforman a sĆ mismas alimentĆ”ndose de esas memorias.
Son campaƱas anti memoria: una enorme exhibición de fuerza coral (jamĆ”s una sola vocerĆa), capaz de imponer consignas que pasan por encima de hechos documentados, testimonios, evidencias y reglas. Una campaƱa que se construye repitiendo embustes hasta dejarlos sedimentados. Una oferta abierta a quienes querrĆan incluso poder borrar las huellas digitales que ha dejado su historia.
āNosotros lo limpiamos todoā, como lema.
āLa JNJ ha repuesto a la seƱora Benavidesā. Lo hemos escuchado y leĆdo por mĆ”s de una semana. Pero es falso: lo Ćŗnico que tenemos a la vista es un documento que firma un solo magistrado, el seƱor RĆos Patio, en un formato semejante al de una ponencia, es decir, una propuesta de fallo que no llegó a completar, acaso ni siquiera a comenzar, el procedimiento de recojo de firmas de los demĆ”s magistrados que debieron firmarlo. Puede ser confuso para el pĆŗblico en general, pero en el PerĆŗ ningĆŗn órgano colegiado adopta decisiones sin documentar la firma de todos sus integrantes.
āPara anular un proceso como el que condujo a la destitución de la seƱora Benavides bastan seis votosā. Esta es la segunda consigna que se ha repetido en estos dĆas, aunque ya ha empezado a circular en las redacciones de los medios un relato que sostiene que la propuesta de entregar a la seƱora Benavides la FiscalĆa de la Nación no se discutió jamĆ”s con los cinco magistrados que no han firmado el texto del seƱor RĆos Patio.
āLa unanimidad no se exige en estos casosā. Falso si se observa que el TC, en la sentencia de 13 de febrero de 2024 (caso FalconĆ), ha dejado ya establecido que para anular procedimientos vinculados a altas magistraturas (en el caso se discutĆa la conformación de la propia JNJ) se requiere unanimidad. En este caso, siete votos, no seis.
āLa JNJ ha ordenado reponer a la seƱora Benavides bajo apercibimiento de usar la fuerza pĆŗblicaā. Falso si lo que existe es un papel firmado por una funcionaria que trabaja en una de las Ć”reas administrativas de esa entidad; una funcionaria que no es magistrada y no tiene competencia, ni procedimiento ni norma que la respalde. De hecho, ella no puede representar a la JNJ ante ninguna entidad pĆŗblica (torpe, ademĆ”s, si notamos que se dirige a la Fiscal de la Nación, cuando la competencia para decidir quiĆ©n ejerce ese cargo corresponde a la Junta de Fiscales Supremos).
āLa JNJ ha promovido una conciliaciónā. Absurdo si se observa que concilia entre las partes un tercero imparcial, no quien ha provocado el entuerto, y menos si solo unas horas antes mandó decir que buscarĆa el auxilio de la fuerza pĆŗblica. Doblemente absurdo si se observa que el anuncio fue hecho sin marcar la hora de la cita.
No deja de sorprenderme la cantidad de promotores que ha reunido esta campaña. Especialmente porque muchas de las personas que han desfilado por los medios repitiendo estas consignas son personas mayores, con trayectorias profesionales formadas; no jóvenes recién adoctrinados ni operadores de campaña.
Me parece escalofriante que personas habituadas a formar opiniones sólidas admitan reproducir consignas formadas en el aire, sin nada semejante a un esfuerzo mĆnimo por confirmar hechos o fuentes.
Al cierre de estas lĆneas, el presidente de la JNJ parece haber agotado la lista de subordinados dispuestos a firmar documentos que Ć©l, aparentemente, ya no estĆ” dispuesto a firmar. La seƱora Benavides, en cambio, ha optado por algo absolutamente saludable: ha decidido tomar parte en el proceso de amparo que ha solicitado la Fiscal de la Nación para poner punto final, ante el judicial, al acoso al que se estĆ” sometiendo a las fiscalĆas.
A partir de este evento, registrado el dĆa de ayer, serĆ” un juez constitucional el que decida cómo se estabiliza y cómo termina una historia que, por cierto, jamĆ”s debió comenzar.
Recordemos que el 13 de junio, cuando se difundió el documento firmado por el seƱor RĆos Patio, la seƱora Benavides venĆa de ganar una apelación y tenĆa un proceso de amparo a su disposición. No necesitaba todo este desorden. Ayer, al presentarse al amparo solicitado por la Fiscal de la Nación, la seƱora Benavides ha regresado al espacio institucional en el que debe defender su caso: el espacio judicial, del que nunca debió moverse.
Sin mƔs campaƱas anti memoria.
